Poyagnu Natjirune

Poyagnu Natjirune

“Ellos suelen ser más comunicativos y afables. Quizás porque algunos, como Álvaro, Juan o Domingo, han viajado. Han visto mundo pero siempre, a su regreso, han sabido preservar sus costumbres, su cultura. Ellas más tímidas. Con dificultades incluso para entender y hablar el castellano, como Dora, Celia o Elena. Pero maestras a la hora de hilar y tejer algodón, confeccionar canastas o cocinar patarashca.

Poyagnu Natjirune (‘Gracias mis abuelos’, en lengua yine) no es más que un humilde pero sincero reconocimiento a todos. A los que nos cuentan sus historias y a quienes no hemos alcanzado a visitar. Llegar, por ejemplo, a las comunidades del río Sepa y Mishagua es cuestión de días en esta época del año.

No son todos los que están. Son muchos más. Podríamos llenar diez revistas como esta y nos seguiría faltando espacio. Porque todos y cada uno de los más de 250 adultos mayores de nuestro distrito son maestros en algo. Unas tejen, otros cazan; otras cocinan rico, otros atesoran los cuentos y leyendas más significativos de su etnia. Todos, absolutamente todos, han vivido épocas duras que han superado a base de trabajo e ingenio.

Aunque son de etnias diferentes, todos hablan un mismo lenguaje: el de la selva. El de saber aprovechar lo que la naturaleza nos brinda, el de vivir en plena conexión con el entorno. Ahora, ilusionados, toman conciencia del valor de ese lenguaje que hoy día nos transfieren como el mayor de los tesoros.

Gracias, mis abuelos. Gracias.”

Con estas palabras y la revista Poyagnu Natjirune, desde Radio Sepahua homenajeamos a todos los adultos mayores de nuestro distrito. Ellos, contentos y emocionados, recibieron el pasado martes a la ministra de Desarrollo e Inclusión Social en el I Encuentro de Saberes Ancestrales que se ha organizado en Ucayali. Más de un centenar de abuelitos participaron en esta feria en la que mostraron a las autoridades y a toda la población esos conocimientos que recibieron de sus abuelos y que han acompañado a sus etnias desde hace décadas.

A Hilda le apena que sus nietas compren ollas de aluminio en vez de elaborar sus propias ollas de barro –“no todo hay que comprar si fácil puedes hacer”, razona esta anciana-; Benjamín teme que sus nietos no consigan una enamorada por no saber hacer una canoa, porque “¿qué mujer va a querer un marido ocioso que no la pueda llevar a pasear?”; muchos ven con tristeza cómo sus nietos ignoran sus leyendas y hasta su propia lengua.

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Sin embargo, en las últimas semanas, ellos se han convertido en maestros, sus nietos, en alumnos y la tristeza en alegría. Enseñando a los más pequeños a tejer, a hacer mocahuas, a tallar remos y a elaborar flechas, entre otras muchas cosas, los viejitos han recuperado la ilusión. La visita de la ministra solo fue el broche de oro de un trabajo de semanas que, esperemos, continúe porque solo escuchando la voz de los más mayores la historia y las tradiciones de las etnias del Bajo Urubamba seguirán vivas.

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Óscar, Beatriz, Gabi y yo hemos tenido la suerte de convertirnos también en alumnos de estos abuelitos. Con ellos hemos aprendido a hacer flechas y a dispararlas, a dar vida al barro para hacer mocahuas y tinajas; que lo mejor para ahuyentar los malos espíritus es entonar el ‘yama-yama’ y que nada como un traguito de ajosacha para los dolores de huesos. Todo lo hemos plasmado lo mejor que hemos sabido en las páginas de esta revista, que os invito a leer.

“Señorita, a mis 76 años, primera vez que salgo en revista”, me dijo Benjamín. “Yo nunca pensé ser famoso, pero estoy bien contento. La llevaré a Puija para que todos me vean y la guardaré siempre”. Escuchar frases como esta, ver a los abuelitos reconociéndose en las páginas de la revista y pidiendo a sus nietos que se la leyeran fue la mejor recompensa a muchas horas de trabajo. Sin embargo, el verdadero regalo es todo lo que hemos aprendido compartiendo su tiempo y sus saberes. Poyagnu natjirune.

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El Día de la Madre… y de las canastas

El Día de la Madre… y de las canastas

“Disculpame si esta escrito mal yo ago y digo cuanto la amo a mi mamita Feli. Compredame quiero ganar para poder darle algo a mi mamita cuando sea grande le dare todo lo que puedo. Soy niña y curso el grado 5 nibel primario y vivo antes de pasar el puente”. Así terminaba una de las cartas que participó en el concurso de Radio Sepahua con motivo del Día de la Madre. El escrito de Feliscar no era el mejor de su categoría, ni llegó en un sobre plagado de corazones, purpurina y pegatinas con forma de corazón como muchas otras, pero sí era una de las cartas más sinceras que recibimos. Y ante esa petición, ¿cómo no íbamos a entregarle uno de los premios al mérito que teníamos reservados?

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El domingo anunciamos los nombres de los ganadores del concurso ‘Carta a mi mamá’ en un programa especial y a lo largo del día de ayer todos vinieron a recoger su regalo. Siguiendo las costumbres de Sepahua, entregamos canastas que, a su vez, nos habían regalado algunos comerciantes que patrocinaron la iniciativa. Aceite, un refresco, una lata de leche, azúcar, arroz, espaguetis, una caja de jugo y galletas componían las cestas que, durante dos días, protagonizaron todos los eventos organizados para celebrar la gran fiesta que es aquí el Día de la Madre.

En los colegios, los preparativos comenzaron hace semanas con los ensayos y con reuniones de padres en las que se decidió cuántos soles aportaría cada familia para que todas las clases tuvieran varias canastas que sortear. En la Institución Educativa Padre Francisco Álvarez, por ejemplo, el homenaje a las madres tuvo lugar el viernes por la noche. Un corazón hecho con lucecitas rojas y cerca de 50 canastas de alimentos decoraban el escenario por el que pasaron los más pequeños recitando sus poesías y los mayores bailando danzas típicas de la selva y la sierra peruanas.

Una flor para cada madre, bocaditos de salchicha envueltos en un papel con lazo rosa y todo, carteles que proclamaban el amor de todos los niños hacia sus mamás, las autoridades presidiendo el acto… Todo un despliegue ante el que casi mejor no decir que desde que dejamos de hacer manualidades en el colegio para el Día de la Madre no he vuelto a regalarle nada a la mía.

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Los adultos mayores –una forma de llamar a los ancianos que me gusta mucho más que tercera edad- también homenajearon a las mamás de su asociación con un almuerzo. Ellas, hablaban animadas alrededor de la mesa, mientras que sus maridos esperaban a que terminaran para poder comer. Antes, por votación popular se había escogido a Miss Adulta Mayor. Después, entre bailes y tragos de aguardiente con chica morada –una bebida hecha a base de maíz-, se sortearon las preciadas canastas de comida  cedidas por la Municipalidad de Sepahua.

En total, según nos explicó luego el alcalde, la Municipalidad repartió casi 500 canastas de comida para que cada barrio y cada institución del distrito las sorteara entre las madres. Lo primero que pensé fue en la cantidad de cosas que podrían hacerse con los casi 20.000 soles –unos 6.500 euros- que se habían gastado en eso, pero la fuerza con la que una abuelita abrazaba su canasta y la alegría con la que se la llevó me hizo dudar. Igual ella, como Feliscar, también quería ganar para tener algo que dar, no a su madre, sino a sus nietos.

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