Papa Choro, el adiós a una leyenda de Sepahua

Papa Choro, el adiós a una leyenda de Sepahua

A ‘Papa Choro’ le faltaron las fuerzas para recibir al 2018. Después de meses enfermo, durante los últimos días del año los familiares y amigos de José Ramírez veían su muerte como algo inminente. Sus pronósticos se confirmaron a las 22:00 horas del 31 de diciembre cuando el corazón de este curaca de la etnia yaminahua dejó de latir. ‘Papa Choro’ -como le conocía cariñosamente todo el mundo- falleció en su casa rodeado por su extensa familia y, tras dos días de duelo, fue enterrado en el cementerio de Sepahua.

Con él se ha ido uno de los últimos fundadores de lo que hoy es Sepahua, ya que fue quien guió a los yaminahuas desde la zona del Manu, donde vivían, hasta aquí. ‘Papa Choro’ fue un líder para su comunidad y, poco a poco, se convirtió en una leyenda gracias a su fama como experto cazador, a su manera de imitar los sonidos de los animales que hacía que se acercaran a él y a sus viajes y las historias que contaba de ellos.

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Volver

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Hace poco leí que uno siempre vuelve a los sitios donde disfrutó de la vida y no podría estar más de acuerdo con esa frase. Es así; uno siempre vuelve. Volvemos a los lugares donde nos sentimos acogidos; volvemos a las personas que queremos y que nos hacen sentir queridos; volvemos a hacer las cosas que en algún momento nos hicieron felices.

Por todo eso estoy otra vez Sepahua dos años después de que sus calles y sus ríos se hicieran pequeños desde la avioneta. De nuevo atravesé los Andes en autobús y pasé 8 horas montada en un 4×4 dando botes de un lado a otro y escuchando cumbia a todo volumen hasta llegar a Atalaya, donde me prometí a mi misma que, si regreso por tercera vez, será en avioneta. Un pensamiento que se me olvidó un poco al día siguiente mientras surcábamos las aguas del Urubamba de camino a Sepahua. Tenía ganas del río, de sus gentes y de la vida en sus orillas.

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Gracias por la aventura

Gracias por la aventura

Ya ha pasado más de un mes desde que Sepahua se hizo pequeña por la ventanilla de la avioneta y desapareció en un mar de árboles. Un mes raro: de alegría por los reencuentros y de echar de menos a todas las personas que han sido mi familia durante un año; de volver a las cosas de antes, pero verlas con los ojos de ahora; de sentirme, en algún momento, más desorientada en la ciudad que en la selva y de pensar, en otros, que Sepahua ha sido una especie de sueño. Read more

El Día de la Madre… y de las canastas

El Día de la Madre… y de las canastas

“Disculpame si esta escrito mal yo ago y digo cuanto la amo a mi mamita Feli. Compredame quiero ganar para poder darle algo a mi mamita cuando sea grande le dare todo lo que puedo. Soy niña y curso el grado 5 nibel primario y vivo antes de pasar el puente”. Así terminaba una de las cartas que participó en el concurso de Radio Sepahua con motivo del Día de la Madre. El escrito de Feliscar no era el mejor de su categoría, ni llegó en un sobre plagado de corazones, purpurina y pegatinas con forma de corazón como muchas otras, pero sí era una de las cartas más sinceras que recibimos. Y ante esa petición, ¿cómo no íbamos a entregarle uno de los premios al mérito que teníamos reservados?

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El domingo anunciamos los nombres de los ganadores del concurso ‘Carta a mi mamá’ en un programa especial y a lo largo del día de ayer todos vinieron a recoger su regalo. Siguiendo las costumbres de Sepahua, entregamos canastas que, a su vez, nos habían regalado algunos comerciantes que patrocinaron la iniciativa. Aceite, un refresco, una lata de leche, azúcar, arroz, espaguetis, una caja de jugo y galletas componían las cestas que, durante dos días, protagonizaron todos los eventos organizados para celebrar la gran fiesta que es aquí el Día de la Madre.

En los colegios, los preparativos comenzaron hace semanas con los ensayos y con reuniones de padres en las que se decidió cuántos soles aportaría cada familia para que todas las clases tuvieran varias canastas que sortear. En la Institución Educativa Padre Francisco Álvarez, por ejemplo, el homenaje a las madres tuvo lugar el viernes por la noche. Un corazón hecho con lucecitas rojas y cerca de 50 canastas de alimentos decoraban el escenario por el que pasaron los más pequeños recitando sus poesías y los mayores bailando danzas típicas de la selva y la sierra peruanas.

Una flor para cada madre, bocaditos de salchicha envueltos en un papel con lazo rosa y todo, carteles que proclamaban el amor de todos los niños hacia sus mamás, las autoridades presidiendo el acto… Todo un despliegue ante el que casi mejor no decir que desde que dejamos de hacer manualidades en el colegio para el Día de la Madre no he vuelto a regalarle nada a la mía.

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Los adultos mayores –una forma de llamar a los ancianos que me gusta mucho más que tercera edad- también homenajearon a las mamás de su asociación con un almuerzo. Ellas, hablaban animadas alrededor de la mesa, mientras que sus maridos esperaban a que terminaran para poder comer. Antes, por votación popular se había escogido a Miss Adulta Mayor. Después, entre bailes y tragos de aguardiente con chica morada –una bebida hecha a base de maíz-, se sortearon las preciadas canastas de comida  cedidas por la Municipalidad de Sepahua.

En total, según nos explicó luego el alcalde, la Municipalidad repartió casi 500 canastas de comida para que cada barrio y cada institución del distrito las sorteara entre las madres. Lo primero que pensé fue en la cantidad de cosas que podrían hacerse con los casi 20.000 soles –unos 6.500 euros- que se habían gastado en eso, pero la fuerza con la que una abuelita abrazaba su canasta y la alegría con la que se la llevó me hizo dudar. Igual ella, como Feliscar, también quería ganar para tener algo que dar, no a su madre, sino a sus nietos.

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Un regalo para Radio Sepahua

Un regalo para Radio Sepahua

Celebré los 25 en Bilbao, los 26 en Madrid y los 27 y 28 en Pamplona. Lo que nunca se me había pasado por la cabeza es que cumpliría veintitodos a casi 10.000 kilómetros de casa; ni que soplaría una vela con forma de interrogante compartiendo desayuno con la pequeña familia española-colombiana-peruana que forma Radio Sepahua.

Aterricé de golpe en los 29 siguiendo el horario español con la felicitación que me envió por ‘wasap’ mi hermana Teresa. Me la imagino metida en la cama, abrigada como si fuera a la nieve y con la parrafada que me mandó escrita desde hacía rato, controlando el reloj para darle a enviar en el momento exacto. Y acertó.

A partir de entonces y hasta ahora no he parado de recibir muestras de cariño. De allí y de aquí. De lejos me llegaron mensajes, mails, fotos, vídeos y audios -con canción, sin canción, cortos, largos, larguísimos, de los que te hacen reir a carcajadas y también de los de casi casi soltar la lagrimilla-. Aquí me cuidaron, me cantaron, me prepararon un bizcocho y Mártir me llevó de paseo en moto hasta un lugar con unas vistas espectaculares: árboles y más árboles que forman una alfombra verde y entre los que, de vez en cuando, el sol se refleja en el río.

mirador

De regalo, la selva vista de arriba. Un cumpleaños diferente, haciendo lo que me gusta en una radio que pone su granito de arena para que la vida en las comunidades del Bajo Urubamba que nos escuchan sea un poco más sencilla.

Radio Sepahua es, por ejemplo, el único nexo de unión entre ‘la paisita’ y su marido cuando él se va a su chacra –el terreno que cultiva-, situada a 8 horas de Sepahua en bote. Nos lo contaba esta mañana cuándo le hemos preguntado qué significa para ella la radio: “Allá en la chacra solo tenemos la radio. Yo vivo en Sepahua porque los niños tienen que tener educación, pero mi marido está allí muchas semanas cultivando. Si necesito decirle que nuestro hijo está enfermo o que necesito que me mande plátanos o carne, voy a la radio y la señorita periodista le manda el mensaje. Además, la radio nos sirve para saber si San Francisco, nuestro equipo de fútbol, ha ganado o ha perdido y los niños no se van a dormir hasta que no escuchan el cuento cada noche en Radio Sepahua”.

A dos manzanas vive Fátima a quien hemos encontrado a punto de preparar su masato, la bebida tradicional de la selva. Estaba enfadada porque no sabía que esta mañana iban a cortar el agua para reparar una tubería. “Si no lo comunican por la radio no podemos enterarnos y guardar agua para cocinar y ahora el agua sale casi barro”, se quejaba.

Estos son dos ejemplos pequeños de la importancia que tiene la radio para estas personas. Pueden parecer una tontería, pero cuando ves el agua de color casi marrón con la que tendrán que cocinar hoy si no guardaron ayer un poco o cuando la ‘paisita’ te dice que la radio le sirvió para aprender que tenía que dar a sus hijos una educación, la cosa cambia.

radio

Con el paso de los días me doy cuenta de que hay muchas cosas que si no las decimos nosotros, nadie las dice. No sé si es por dejadez, por miedo, por falta de ‘cultura’ de la información, por una mezcla de todo lo anterior o por motivos que a mí, de momento, se me escapan. Pero sí sé que a las 6:30 de la mañana mucha gente está pendiente de lo que decimos en el noticiero y que, cuando cae la noche, el aparato de radio se convierte en el centro de interés y casi el único entretenimiento en las comunidades donde todavía no hay electricidad, ni señal de teléfono ni mucho menos internet.

Que no haya luz las 24 horas en Sepahua es nuestro principal enemigo. Gracias a las baterías solares podemos emitir algo más, pero el sol no siempre brilla igual y el mantenimiento que nosotros hacemos de todos los aparatos y cables está muy lejos de ser el más adecuado. Y las cosas terminan por estropearse y arreglarlas cuesta dinero.

Por eso, estamos recaudando fondos para la radio. Bea consiguió algo de dinero cuando fue a España hace unos meses realizando varias actividades en Buñuel y Pamplona y el domingo organizamos aquí un mercadillo en el que vendimos ropa traída de España.

Algunos me habéis preguntado si quería algún regalo en mi 29 cumpleaños –vale, ha sido solo mi familia, pero seguro que algunos otros lo habéis pensado-. Yo no necesito nada, pero si de todas maneras alguien quiere tener un detalle conmigo, tengo una sugerencia: que destine ese dinero a Radio Sepahua. La cuenta que abrió Bea para la radio sigue activa (La Caixa, 21005062880100036510) y, poco a poco, como si fuera un cerdito, queremos hacer que engorde.

Por todos los que nos piden que digamos la hora porque no tienen reloj; los que nos avisan de que tenemos que conectar con RPP –la emisora más escuchada de Perú- porque hay fútbol; los que vienen a quejarse porque hemos dicho algo mal y los que vienen a darnos información para que hagamos las noticias; personas para las que Radio Sepahua es mucho más que un medio de comunicación.

¡Gracias por adelantado para los que os animéis a colaborar o a difundirlo! ¡Y muchiiisimas gracias a todos por estar conmigo a pesar de la distancia celebrando los veintitodos!

cumpleaños