Papa Choro, el adiós a una leyenda de Sepahua

Papa Choro, el adiós a una leyenda de Sepahua

A ‘Papa Choro’ le faltaron las fuerzas para recibir al 2018. Después de meses enfermo, durante los últimos días del año los familiares y amigos de José Ramírez veían su muerte como algo inminente. Sus pronósticos se confirmaron a las 22:00 horas del 31 de diciembre cuando el corazón de este curaca de la etnia yaminahua dejó de latir. ‘Papa Choro’ -como le conocía cariñosamente todo el mundo- falleció en su casa rodeado por su extensa familia y, tras dos días de duelo, fue enterrado en el cementerio de Sepahua.

Con él se ha ido uno de los últimos fundadores de lo que hoy es Sepahua, ya que fue quien guió a los yaminahuas desde la zona del Manu, donde vivían, hasta aquí. ‘Papa Choro’ fue un líder para su comunidad y, poco a poco, se convirtió en una leyenda gracias a su fama como experto cazador, a su manera de imitar los sonidos de los animales que hacía que se acercaran a él y a sus viajes y las historias que contaba de ellos.

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Un día más es un día menos

Un día más es un día menos

Un día menos para abrazar a mi familia. Un día menos para pasar el tiempo con los internos en nuestro banco. Un día menos para salir con mis amigas, para reírnos y hablar durante horas. Un día menos para recorrer las calles de Sepahua conversando con unos y otros en busca de noticias. Un día menos para comer comida de mi abuela y tomar un pintxo en lo viejo y un gin tonic en condiciones. Un día menos para compartir unas chelas bien heladas o un tazón de masato con todos los que me han abierto las puertas de sus casas aquí. Un día menos para achuchar a Amaia y para no perderme ni una de las fiestas de cumpleaños ni de las inauguraciones de piso de mis amigos. Un día menos para llenar de ticks la lista de ‘Cosas que hacer antes de irnos de Sepahua’.


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Un regalo para Radio Sepahua

Un regalo para Radio Sepahua

Celebré los 25 en Bilbao, los 26 en Madrid y los 27 y 28 en Pamplona. Lo que nunca se me había pasado por la cabeza es que cumpliría veintitodos a casi 10.000 kilómetros de casa; ni que soplaría una vela con forma de interrogante compartiendo desayuno con la pequeña familia española-colombiana-peruana que forma Radio Sepahua.

Aterricé de golpe en los 29 siguiendo el horario español con la felicitación que me envió por ‘wasap’ mi hermana Teresa. Me la imagino metida en la cama, abrigada como si fuera a la nieve y con la parrafada que me mandó escrita desde hacía rato, controlando el reloj para darle a enviar en el momento exacto. Y acertó.

A partir de entonces y hasta ahora no he parado de recibir muestras de cariño. De allí y de aquí. De lejos me llegaron mensajes, mails, fotos, vídeos y audios -con canción, sin canción, cortos, largos, larguísimos, de los que te hacen reir a carcajadas y también de los de casi casi soltar la lagrimilla-. Aquí me cuidaron, me cantaron, me prepararon un bizcocho y Mártir me llevó de paseo en moto hasta un lugar con unas vistas espectaculares: árboles y más árboles que forman una alfombra verde y entre los que, de vez en cuando, el sol se refleja en el río.

mirador

De regalo, la selva vista de arriba. Un cumpleaños diferente, haciendo lo que me gusta en una radio que pone su granito de arena para que la vida en las comunidades del Bajo Urubamba que nos escuchan sea un poco más sencilla.

Radio Sepahua es, por ejemplo, el único nexo de unión entre ‘la paisita’ y su marido cuando él se va a su chacra –el terreno que cultiva-, situada a 8 horas de Sepahua en bote. Nos lo contaba esta mañana cuándo le hemos preguntado qué significa para ella la radio: “Allá en la chacra solo tenemos la radio. Yo vivo en Sepahua porque los niños tienen que tener educación, pero mi marido está allí muchas semanas cultivando. Si necesito decirle que nuestro hijo está enfermo o que necesito que me mande plátanos o carne, voy a la radio y la señorita periodista le manda el mensaje. Además, la radio nos sirve para saber si San Francisco, nuestro equipo de fútbol, ha ganado o ha perdido y los niños no se van a dormir hasta que no escuchan el cuento cada noche en Radio Sepahua”.

A dos manzanas vive Fátima a quien hemos encontrado a punto de preparar su masato, la bebida tradicional de la selva. Estaba enfadada porque no sabía que esta mañana iban a cortar el agua para reparar una tubería. “Si no lo comunican por la radio no podemos enterarnos y guardar agua para cocinar y ahora el agua sale casi barro”, se quejaba.

Estos son dos ejemplos pequeños de la importancia que tiene la radio para estas personas. Pueden parecer una tontería, pero cuando ves el agua de color casi marrón con la que tendrán que cocinar hoy si no guardaron ayer un poco o cuando la ‘paisita’ te dice que la radio le sirvió para aprender que tenía que dar a sus hijos una educación, la cosa cambia.

radio

Con el paso de los días me doy cuenta de que hay muchas cosas que si no las decimos nosotros, nadie las dice. No sé si es por dejadez, por miedo, por falta de ‘cultura’ de la información, por una mezcla de todo lo anterior o por motivos que a mí, de momento, se me escapan. Pero sí sé que a las 6:30 de la mañana mucha gente está pendiente de lo que decimos en el noticiero y que, cuando cae la noche, el aparato de radio se convierte en el centro de interés y casi el único entretenimiento en las comunidades donde todavía no hay electricidad, ni señal de teléfono ni mucho menos internet.

Que no haya luz las 24 horas en Sepahua es nuestro principal enemigo. Gracias a las baterías solares podemos emitir algo más, pero el sol no siempre brilla igual y el mantenimiento que nosotros hacemos de todos los aparatos y cables está muy lejos de ser el más adecuado. Y las cosas terminan por estropearse y arreglarlas cuesta dinero.

Por eso, estamos recaudando fondos para la radio. Bea consiguió algo de dinero cuando fue a España hace unos meses realizando varias actividades en Buñuel y Pamplona y el domingo organizamos aquí un mercadillo en el que vendimos ropa traída de España.

Algunos me habéis preguntado si quería algún regalo en mi 29 cumpleaños –vale, ha sido solo mi familia, pero seguro que algunos otros lo habéis pensado-. Yo no necesito nada, pero si de todas maneras alguien quiere tener un detalle conmigo, tengo una sugerencia: que destine ese dinero a Radio Sepahua. La cuenta que abrió Bea para la radio sigue activa (La Caixa, 21005062880100036510) y, poco a poco, como si fuera un cerdito, queremos hacer que engorde.

Por todos los que nos piden que digamos la hora porque no tienen reloj; los que nos avisan de que tenemos que conectar con RPP –la emisora más escuchada de Perú- porque hay fútbol; los que vienen a quejarse porque hemos dicho algo mal y los que vienen a darnos información para que hagamos las noticias; personas para las que Radio Sepahua es mucho más que un medio de comunicación.

¡Gracias por adelantado para los que os animéis a colaborar o a difundirlo! ¡Y muchiiisimas gracias a todos por estar conmigo a pesar de la distancia celebrando los veintitodos!

cumpleaños

Tres besos

Tres besos

Dice que solo le doy un beso cada mes y alguno más en ocasiones especiales; en días como hoy, que cumple 56 años. Sin embargo, los dos sabemos que eso no es cierto, pero yo tengo que mantener mi papel de hija poco cariñosa y él el de padre-víctima. Para compensar, solemos pegarnos y amenazarnos a pesar de las caras de mi madre, que es la que menos gracia le encuentra a este juego. Pero qué se le va a hacer… ¡cada uno expresa su cariño como puede!

Y mi padre lo expresa haciéndonos un zumo de naranja a cada una por la mañana -y eso supone exprimir muchas naranjas-; llevándonos a en el coche a donde sea siempre que puede –así lo indica el artículo 8 de la Ley del Padre, que nosotras inventamos y que él intenta cumplir- o participando sin quejarse en cualquier evento familiar que se nos ocurra, lo que le ha llevado, por ejemplo, a que le disfracemos de Blancanieves.

Habrá quien piense que son cosas a las que te expones si tienes cinco hijas, pero solo hay que mirar un poco alrededor para darse cuenta de que no todos los padres son así. Y yo soy consciente de la suerte que tengo con él mío, que hoy se hace un poco más anciano sobrevolando el Atlántico rumbo a Chicago.

Durante unos días compartiremos continente y huso horario. ¡Qué pena que las aguas del Urubamba no lleguen hasta las cataratas del Niágara! Si no, hasta allí me iba para tirarle de las orejas y darle tres besos: el de febrero, el de marzo y el de su cumpleaños. ¡Felicidades papá!

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