Nuevo Mundo

Nuevo Mundo

Los latinoamericanos y los europeos no medimos el tiempo de la misma manera y la diferencia se encuentra en las tres letras que separan el “ahora” del “ahorita”; nuestro “ya” inmediato y su “al ratito”, un agujero negro temporal que puede oscilar entre los 10 minutos y las 3 horas. De ahí la mirada que le eché a Óscar cuando, estando en Nuevo Mundo -una comunidad nativa que se encuentra a dos horas y media de Sepahua en bote-, la persona que nos había gestionado el viaje nos dijo: “Ahorita buscamos la manera de que volváis hasta Sepahua”.

Esa fue la confirmación definitiva de lo que nos temíamos desde hacía un rato: o nos buscábamos la vida o nos quedábamos en Nuevo Mundo hasta que a la mañana siguiente pasara el colectivo que cubre la ruta Camisea- Sepahua. Y esa era la última de las opciones que se nos pasaban por la cabeza.

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A la misma reunión que nosotros había acudido el jefe de la Comunidad Nativa de Puerto Rico, que se ofreció a acercarnos en su chalupa -un bote- hasta Miaría. Miaría se encuentra, igual que Sepahua, en la cuenca del río Urubamba y es la primera de las comunidades que pertenece al distrito de Echarati, en Cuzco. Que nos llevaran hasta allí suponía recorrer dos tercios del camino de vuelta… todo un avance teniendo en cuenta las circunstancias.

Sin embargo, por si nos lo estábamos planteando –que lo estábamos haciendo-, el jefe de Puerto Rico nos dejó claro que no podría acercarnos hasta Sepahua porque se le haría de noche de vuelta a su comunidad y es peligroso surcar el río a esas horas. “Pero igual encontráis a alguien en Miaría que os pueda llevar en peke-peke si les dais gasolina”, nos dijo.

Ahí fue cuando intervino el “organizador” del viaje. “Si no tenéis dinero, igual puedo daros yo el combustible”. “No, no tenemos dinero; como se suponía que íbamos a volver fácilmente…”. “Pero no pasa nada amigos, podéis dormir aquí o en Miaría”. “Sí, si pasa. Tenemos muchas cosas que hacer en Sepahua”. “Entonces que en la tienda os den de mi parte 4 galones de gasolina. Es suficiente para ir de Miaria a Sepahua”.

Y allí que nos fuimos a comprar gasolina para llevar, como quien coge la cena en un restaurante. Nuevo inconveniente: no tenían galoneras que prestarnos. “Señorita, ¿no ha traído su galonera?” Mi cara debió ser bastante expresiva porque las 5 personas que estaban en la puerta de la tienda se echaron a reír y no me quedó otro remedio que reírme con ellos y explicarles que nunca me habían hecho esa pregunta y que nunca había ido a ningún sitio con una galonera.

Por suerte, en la galonera de la chalupa de la Comunidad de Puerto Rico había espacio para nuestra gasolina así que, con el tema del combustible solucionado, empezamos el camino de vuelta. Llegamos a Miaría sobre las 17:30. En una hora se haría de noche y antes debíamos encontrar a alguien dispuesto a llevarnos y recorrer los 40 minutos que nos separaban de Sepahua.

En un primer momento pensamos que sería imposible, pero enseguida la mentalidad de la amazonía nos llevó la contraria. Preguntamos a un chico que estaba sentado en el puerto si nos llevaría a cambio del combustible y unos cuantos soles para dormir en Sepahua; miró al cielo, se giró y dio un par de gritos en lengua yine a una niña que estaba cerca. Al momento ella salió corriendo y volvió acompañada de otro chico. Intercambiaron dos frases y nos miraron afirmando con la cabeza. Cinco minutos después salíamos del puerto montados en un peke-peke.

Guiaban la canoa con tanta seguridad que estoy convencida que podrían hacer ese trayecto con ojos cerrados. Mientras, nosotros no dejábamos de hacer fotos. Y es que ver el atardecer navegando por el río es un espectáculo que merece la pena. Tanto como para volver a arriesgarse a salir ir de excursión.

motorista peke-peke

 

 

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