Papa Choro, el adiós a una leyenda de Sepahua

Papa Choro, el adiós a una leyenda de Sepahua

A ‘Papa Choro’ le faltaron las fuerzas para recibir al 2018. Después de meses enfermo, durante los últimos días del año los familiares y amigos de José Ramírez veían su muerte como algo inminente. Sus pronósticos se confirmaron a las 22:00 horas del 31 de diciembre cuando el corazón de este curaca de la etnia yaminahua dejó de latir. ‘Papa Choro’ -como le conocía cariñosamente todo el mundo- falleció en su casa rodeado por su extensa familia y, tras dos días de duelo, fue enterrado en el cementerio de Sepahua.

Con él se ha ido uno de los últimos fundadores de lo que hoy es Sepahua, ya que fue quien guió a los yaminahuas desde la zona del Manu, donde vivían, hasta aquí. ‘Papa Choro’ fue un líder para su comunidad y, poco a poco, se convirtió en una leyenda gracias a su fama como experto cazador, a su manera de imitar los sonidos de los animales que hacía que se acercaran a él y a sus viajes y las historias que contaba de ellos.

Hace dos años, José todavía estaba fuerte a pesar de rondar los 80 años. Aunque su vista no se lo ponía fácil, seguía elaborando sus características flechas que vender a visitantes y turistas para conseguir algo con lo que alimentar a sus hijos menores. Un día, me invitó a su casa y plasmamos este proceso en un texto que se publicó en la revista ‘Poyagnu Natjirune‘, publicada con motivo de la primera feria de saberes ancestrales que se celebró en Sepahua.

Hace dos semanas, le visitamos por última vez mientras estaba ingresado en el centro de salud. A pesar de lo delgado y débil que estaba, el gesto de José y esa mirada que tantas cosas había visto durante décadas no habían cambiado.

Este es el texto que escribí hace dos años, el pequeño homenaje que desde Radio Sepahua hicimos a Papa Choro, el último curaca yaminahua del distrito de Sepahua:

Agazapado entre los árboles de su huerto, José Manuel Ramírez Ríos apunta a un animal inexistente. Viéndole -la mirada fija, el gesto concentrado, los brazos tensionados sujetando el arco- es fácil imaginarle en el bosque cazando sajinos, maquisapas (monos) y aves con las que alimentar a su extensa familia. A sus 79 años, este hombre natural de las cabeceras del río Piedras y por todos conocido como ‘Papá Choro’, continúa elaborando flechas a pesar de que su falta de visión se lo pone difícil. Una nueva flecha toma forma entre sus manos mientras desgrana la historia de su vida. Es en invierno cuando la isana, la caña a partir de la que se elabora la flecha, es más fácil de encontrar. Sin embargo, conocidos y familiares le llevan isanas en cualquier momento. Y es que su fama de buen cazador e imitador de los sonidos de los animales, sus siete esposas y sus viajes han hecho de él un personaje muy conocido en Sepahua y alrededores.

En el huerto de su casa, en la que todavía viven varios de sus 27 hijos, José Choro pone las isanas en el fuego. Una vez asadas y soleadas, las cañas ya están listas para transformarse en flechas. “Además se necesita erizo y guacamayo”, resume José rebuscando dentro de una cesta los materiales que necesita. Con las espinas del primero y las plumas del segundo se realiza la parte posterior de la flecha. “Yo mismo cojo el erizo por la noche, entre los árboles”, explica José Choro, quien advierte de que esta no es una operación fácil. “Erizo pincha mucho, por eso hay que usar machete para raspar. Pero es importante raspar sin romper”, puntualiza. Las espinas, negras y amarillas, sirven para amarrar las plumas de guacamayo. Quien piense que estas plumas son un mero elemento decorativo está muy equivocado: “No solo hay que ver los colores, hay que ver que la pluma esté bien porque hace que la flecha vuele bonito”.


La forma de la punta de la flecha depende de los animales que se quiera cazar con ella. La triangular, para cazar sajinos, monos y venados, por ejemplo, se talla en madera con cuchillo; las que tienen forma de tridente se disparan a los pájaros. “Y hay otras especiales para peces”, añade José, que tiene muy claro que para cazar “mejor poner veneno en la flecha”. Hilo de algodón –“hilado por nuestras mujeres”- es lo que se usa para unir la punta de la flecha a la isana. El truco para que “pegue” bien es untar la isana y también el hilo con brea. “Se embrea, se enrolla, se embrea, se enrolla…”, dice José Choro explicando los pasos que realiza. De esta manera, al mismo tiempo, decora la flecha. Al negro de la brea, le suma una especie de colorante natural rojo para crear sus coloridas flechas.

Asegura que personas de todo el mundo han comprado alguna de sus creaciones. “También las he vendido en mis viajes. He ido a Lima dos veces y a Cusco, seis. Nunca llegué hasta Juliaca porque brrrr mucho frío hace allí”, explica. “Ya soy mayor para seguir viajando, pero en esta vida he hecho muchas cosas… y muchas flechas”, concluye.

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