Volver

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Hace poco leí que uno siempre vuelve a los sitios donde disfrutó de la vida y no podría estar más de acuerdo con esa frase. Es así; uno siempre vuelve. Volvemos a los lugares donde nos sentimos acogidos; volvemos a las personas que queremos y que nos hacen sentir queridos; volvemos a hacer las cosas que en algún momento nos hicieron felices.

Por todo eso estoy otra vez Sepahua dos años después de que sus calles y sus ríos se hicieran pequeños desde la avioneta. De nuevo atravesé los Andes en autobús y pasé 8 horas montada en un 4×4 dando botes de un lado a otro y escuchando cumbia a todo volumen hasta llegar a Atalaya, donde me prometí a mi misma que, si regreso por tercera vez, será en avioneta. Un pensamiento que se me olvidó un poco al día siguiente mientras surcábamos las aguas del Urubamba de camino a Sepahua. Tenía ganas del río, de sus gentes y de la vida en sus orillas.

Se dice que las comparaciones son odiosas, aunque inevitables. Ahora no me dan miedo los bichos, aunque me pican igual. Tampoco me despierta el ruido que hacen miles de animalitos por la noche alrededor de nuestra casa, porque mi cerebro lo identifica como un sonido familiar. Llegar a la radio y encontrarme en la puerta a decenas de nahuas durmiendo, comiendo, descomiendo, viendo pasar el tiempo… me parece lo más normal del mundo (aunque soy consciente de que no lo es).

Llegué a Sepahua hace 20 días y a ratos me parece que llevo aquí meses, que nunca he dejado de salir a buscar noticias y que las risas a la hora de comer siguen siendo las mismas aunque en la mesa estén sentadas otras personas. Así que aquí estoy, de vuelta en Sepahua y de vuelta en el blog.

Y creo que volver a un sitio es bueno, siempre y cuando te haga sonreír. A mí me hacen sonreír los internos con sus bromas, los adultos mayores y sus historias, los paseos en moto en los que tres no son multitud y los atardeceres en el río. Aunque haya días raros en los que tienes que conformarte con una videollamada cuando lo que de verdad te apetece es tomarte una cerveza con tu gente o momentos en los que resuene en tu mente la voz de Sabina cantando que ‘al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver’ y esperes que no tenga razón.

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