Cuando la sanidad no es un derecho de todos

Cuando la sanidad no es un derecho de todos

Vecinos de Capirona y Onconashari, dos comunidades nativas situadas en el río Sepa, han denunciado en Sepahua que sus infraestructuras de salud no cuentan con los recursos suficientes para hacer frente a las necesidades de la población. En ellas, no hay medicinas para tratar dolencias tan comunes como una faringitis o un resfriado, ni tampoco tratamientos específicos para complicaciones que se presentan frecuentemente en la zona, como pueden ser las mordeduras de víbora. Los técnicos de salud que atienden en Capirona y Onconashari definen estas postas como “establecimientos vacíos” en los que no cuentan con materiales para tratar a los casi 200 moradores de cada una de las comunidades.

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La presencia de los sanitarios entre estos pobladores de etnia ashaninka es posible gracias a la Municipalidad Distrital de Sepahua, que es quien paga sus salarios y hace llegar, en la medida de lo posible, medicinas, materiales y combustible con cargo a los presupuestos municipales. Y es que estos dos establecimientos no están reconocidos por el Ministerio de Salud peruano, a pesar de que se ha solicitado en varias ocasiones y se ha aportado la documentación necesaria: censos e informes que prueban que ambas comunidades cuentan desde hace años con un técnico que atiende de manera permanente.

 

 

Cuando se presenta un problema de salud que no puede resolverse con los pocos medios que tienen a la mano, los técnicos de Capirona y Onconashari deben derivar a los pacientes al centro de salud El Rosario, de Sepahua. Una gestión que se convierte en una verdadera odisea en los meses de verano cuando, a la falta de combustible, se une el nivel de agua del río Sepa, tan bajo que en muchas zonas es preciso bajarse del peke-peke y arrastrarlo para poder continuar.

La pasada semana una anciana de Onconashari y un bebe de Capirona tuvieron que ser trasladadas de urgencia a Sepahua. El bebé, que padecía una severa desnutrición, no aguantó el viaje y falleció por el camino. Y es que, a falta de movilidad, se desplazaron en el peke-peke de unos familiares de la anciana. Teresa, su hijo con su esposa y varias de sus nietas, acompañadas por el recién nacido y sus padres y los dos técnicos de salud de la zona llegaron hasta la boca del río Sepa (10 horas de viaje desde Onconashari y 4 desde Capirona en el mes de agosto) con combustible cedido por un antropólogo que trabaja en la zona. A partir de ahí, hasta Sepahua (otras 4 horas) fueron pidiendo prestado combustible en las comunidades que se encuentran a la orilla del Urubamba.

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Al llegar, solicitaron en el centro de salud de Sepahua que se les repusiera lo gastado. Sin embargo, el establecimiento tan solo tenía 10 galones de combustible, lo justo para llegar con la chalupa a Atalaya en caso de emergencia. Por este motivo, no pudieron entregar nada a los técnicos de Capirona y Onconashari. Al igual que en otras ocasiones, pidieron el combustible en la Municipalidad donde finalmente, y aunque no se contaba con el presupuesto necesario, se les entregaron 20 galones para poder hacer frente al viaje de vuelta y devolver lo prestado por el camino.

La escasez del combustible que la Red de Salud de Atalaya entrega al centro de salud de Sepahua supone que sea imposible colaborar con las postas de Capirona y Onconashari en emergencias puntuales. Pero hay algo más grave todavía: el combustible no alcanza tampoco para poder hacer las brigadas a las que se comprometió la Red de Salud.

Desde el pasado mes de enero no ha ido a las comunidades del Sepa ninguna brigada médica; es decir, no les ha visitado un médico, ni una obstetra, ni un odontólogo, por nombrar a algunos especialistas. Todos los niños nacidos después de la última brigada se encuentran sin vacunar puesto que allí no existe cadena de frío que mantenga las vacunas y solo pueden administrarse cuando va una brigada. Estos niños, según explican los técnicos de salud, cuando salen con sus familias vuelven a la comunidad portando enfermedades que se transmiten rápidamente.

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En resumen, la atención sanitaria en las Comunidades Nativas de Capirona y Onconashari es muy deficiente y no está garantizada por el Estado, quien tiene el deber de proporcionar a sus ciudadanos el acceso a la sanidad, sino por la Municipalidad de Sepahua. Los recortes presupuestales  a los que se han visto sometidas las Municipalidades afectan de manera directa a las personas más vulnerables que viven en las zonas más apartadas del país.

NOTA 1: este texto fue escrito en agosto de 2015 con el fin de enviarlo a algunos medios de comunicación peruanos y así intentar que la situación en estas comunidades nativas se conociera. Al final, no pudimos hacer eso, pero lo rescato de mi portátil con motivo del Día Mundial de la Salud, que se celebra hoy. Desde agosto, algunas cosas son diferentes. Por un lado, los recortes a los que tuvo que hacer frente la Municipalidad de Sepahua llevaron en diciembre a suspender temporalmente el funcionamiento de una de las postas. Por otro, a principios de este año, una brigada del centro de salud de Sepahua pudo visitar Capirona y Onconashari y atender a la población.

NOTA 2: no tuve la suerte de poder viajar hasta Capirona y Onconashari, por lo que tan solo una de las fotos que acompañan a este texto (la de la señora Teresa con sus nietas) es mía. Las otras dos nos las cedieron en su momento Pedro y Iosune. ¡Muchas gracias!

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