Gracias por tanto, Don Francisco

Gracias por tanto, Don Francisco

De Paco he aprendido muchas cosas: que una noticia no es nada sin datos y que las historias se encuentran en la calle; que un buen periodista no es aquel que escribe titulares con los que impresionar a su jefe, sino el que trabaja sin descanso para ofrecer algo bueno al lector; que un periodista de verdad, lo es siempre, aunque fuera llueva y a veces parezca imposible ejercer nuestra profesión.

Y todo eso no lo aprendí a través de lecciones magistrales de las que se dan en las aulas. Eso me lo enseñó Paco con su ejemplo día a día durante los dos años en los que tuve la suerte de “colarme” en su grupo en todas las asignaturas que impartía o cada vez que nos encontrábamos frente a un café o una cerveza o a través de un simple tuit cargado de ironía.

Don Francisco siempre decía que para ser buen periodista había que ser buena persona. Yo añado que para ser buen profesor, también. Seguro que por eso, porque él era una gran persona, fue tan buen periodista y tan buen profesor. A Paco le apasionaba su trabajo y eso se notaba en pequeños detalles: la puerta de su despacho, siempre abierta; la sonrisa -y el cigarro- siempre en la boca y la palabra “no” tachada de su diccionario cuando alguien le pedía ayuda o consejo.

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Durante mi último semestre en Fcom, mientras un grupo de locos dábamos vida a Ene –un proyecto que fue tan suyo y de Luis Guinea como nuestro- yo crucé esa puerta miles de veces. Y Paco siempre estaba ahí: con la palabra precisa para animarnos, corregirnos y orientarnos; con su ironía y su sentido del humor siempre a punto para reir juntos un rato; con su paciencia infinita para enseñar y la sencillez con la que te dejaba ver que él nunca dejaba de aprender.

El día de nuestra licenciatura, Don Francisco le dijo a mi padre: “Prométeme que ninguna de tus otras hijas van a estudiar Periodismo, porque Leyre ya me ha exprimido al máximo y no sé si podría con otra Hualde”. Espero que tuviera razón y haber interiorizado tantas lecciones grandes y pequeñas, porque hoy, al igual que otros muchos que hemos pasado por sus manos, me siento un poco huérfana.

Don Francisco, gracias por tanto. Desde donde estés, habría que cuidarnos un poco a todos los que nos quedamos aquí intentando seguir tu ejemplo 😉

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